Todo el personal de salud, los equipos para diagnósticos y tratamientos y los fármacos, son mercancías. Son el sentido de producción es un mercado, es decir, a nadie se le ocurre estudiar medicina para curarse él mismo o su familia, tampoco se le ocurre a nadie fabricar un grupo de laboratorio para hacerse un hemograma o producir unas aspirinas para aliviarse el dolor de cabeza.
El estudiante de medicina se sacrifica haciendo el esfuerzo de estudiar con el firme y único propósito de vender caros sus servicios médicos. Hay dos tipos de médicos, no son los públicos y privados sino los empresarios y lo empleados, estos últimos pueden estarlo tanto en las instituciones públicas como privadas.
Pero aunque su sueldo quede dentro de ciertas tarifas que las que hacen parecerse todavía muy poco a los asalariados como son los obreros de las fabricas nunca llegarán a ser propietarios de centros médicos, no llegarán a millonarios.
Hay una oferta de servicios de todos los colores y sabores, para todas las capacidades de pago y para todos los gustos. La oferta en este caso, al contrario de lo que ocurre en los demás, no se duplican no compiten, sino que se complementan
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